Va de preguntas

Podemos decir que según los estudios científicos, perder peso a largo plazo se considera bajar al menos un 10% del peso corporal inicial y no recuperarlo en al menos un año.

Todos hemos escuchado alguna vez por parte de un pariente o conocido la famosa frase:

-”Es que llevo toda mi vida a dieta y no adelgazo y mira que como poco”

Lo que hasta ahora nos han dicho y repetido como un mantra es que hay que gastar más de lo que ingerimos, que hay que comer menos y movernos más. Que debemos tener un balance energético negativo.

Si a mi preguntáis, afirmaré con total rotundidad que no se trata de comer menos, sino de comer mejor. Efectivamente las leyes de la termodinámica son aplastantes, matemática pura. Quiero decir, según las leyes de la termodinámica, aplicadas a la nutrición podemos deducir lo siguiente:

·Si gasto más de lo que ingiero pierdo peso.

·Si mi gasto es igual a lo ingerido mantengo mi peso.

·Si gasto menos de lo que ingiero gano peso.

A priori parece muy elocuente y convincente. Y muy fácil de entender. Nos han inculcado que el balance energético es el encargado de dictaminar los resultados en cuanto a nuestra figura se refiere. El actor principal del numerito que veremos en la báscula, dichoso numerito.

¿Pero entonces, si todo es tan sencillo aparentemente, por qué las dietas hipocalóricas no tienen una adherencia en el tiempo? ¿Por qué esos conocidos que dicen apenas comer no ven resultados en la talla de sus pantalones? ¿Por qué los estancamientos y los efectos rebote están tan al orden del día en las dietas actuales?

Pues porque las leyes de la termodinámica tienen una certeza en un concepto global de la ecuación. Pero no tienen en cuenta la multitud de variables, procesos y funcionamientos que se dan en nuestro organismo en cuanto a la pérdida de grasa o su almacenamiento. Además cabe destacar, que este tipo de dietas no genera una adherencia por parte del sujeto a unos buenos hábitos alimenticios y por supuesto no nos inculca un conocimiento ni un desarrollo personal en nuestro modo de alimentación. Así, podemos decir, que hablamos de patrones que no nos generan unos cimientos adecuados para poder mantener un estado nutricional saludable a largo plazo.

Sigamos desmontando los entresijos del balance energético.

Si aceptamos el balance energético como dios todopoderoso y único protagonista del

agujero del cinturón, de un modo u otro, estamos aceptando que todas las Kcal. son iguales.

¿Así que es igual comernos 200 Kcal de galletas que 200 Kcal de frutos secos naturales? Por ejemplo.

Pues la respuesta es clara y rotunda. No.

Para empezar porque la digestión en esos alimentos es diferente, porque la respuesta hormonal también los es, la respuesta termogénica al sintetizar esos alimentos en nutrientes también lo será. Si además comparamos el valor nutricional de ambos alimentos, las sustancias que obtenemos de ellos y entendemos lo que estas sustancias provocan en nuestro organismo, las cuentas están claras.

¿Y a dónde queremos llegar con todo esto? ¿Entonces no son importantes las Kcal?

En resumidas cuentas y uniendo este artículo con el anterior. Lo que planteo, en este texto es que no somos conscientes de que nuestro organismo en cuanto a la relación de grasa, pérdida de peso o ganancia de masa (magra), no puede establecerse únicamente con una calculadora. Sino con una alimentación inteligente, saludable y únicamente enfocada a la “comida natural”. A los alimentos no procesados o cuyo procesado no influya empeorando las características naturales del alimento.

Está demostrado que lo que comemos, determina cuánto comemos y cuanta energía gastamos. Y quizá está es la oración más importante del texto, la que define y da sentido al artículo.

Por eso olvidémonos un poco de las Kcal que ingerimos y las que gastamos, para empezar porque dentro de una normalidad, nuestro organismo se adapta autorregulándose dentro de una dieta adecuada y para terminar porque si los alimentos que ingerimos son alimentos naturales las cuentas nos saldrán solas. Las Kcal son importantes, para bien, cuando provienen de los nutrientes que nuestro organismo necesita para mantenerse en un estado óptimo de salud. Y empiezan a serlo, para mal, cuando provienen de esos cereales tan recomendados para el control de peso y una vida rebosante de energía y alegría que nos muestra, (de manera poco interesada en nuestra salud y sí en sus bolsillos) la publicidad.