LA IMPORTANCIA DEL DESAYUNO

La idea de que el desayuno es la comida más importante del día lleva repitiéndose como un mantra desde hace años. De una manera tan vehemente que por repetitiva hemos adoptado como cierta. Sin apenas margen para debatir, buscar estudios científicos fuera de los observacionales que avalen está teoría y cegados como el burro con orejeras que persigue la zanahoria hemos caído en su media verdad. O media mentira, como queramos llamarlo. Nada más lejos de la realidad, el desayuno es una comida importante sí. Pero con la misma importancia que las que realizamos el resto del día.

Nuestro organismo no va a discernir si una comida es más importante que otra por su horario. De hecho nuestro sistema digestivo va a realizar los mismos procesos que realizaría con la comida, merienda, cena.

El problema propagandístico con el que nos han adoctrinado en referencia a la importancia del desayuno, no es más que la inabarcable diversidad de productos procesados e industriales enfocados a esta primera comida del día. El desayuno se ha convertido en la barra libre para consumir este tipo de productos que las marcas disfrazan como nutritivos, enriquecidos con vitaminas y minerales, saludables y llenos de energía. Y sí, son muy densos a nivel energético pero muy pobres a nivel nutricional. Además de ser claramente nocivos para nuestra salud. Galletas, cereales comerciales, bollería que nos venden como artesanal (¿artesanal?), zumos, panes de moldes, snacks y demás alimentos llenos de colores y leyendas en grande con tópicos de desayuno que enmascaran la auténtica realidad de estos productos. Una realidad que se puede resumir en cantidades ingentes de azúcar, grasas saturadas de mala calidad, sal y procesos de fabricación que por muy artesanos que nos vendan desnaturalizan cualquier ingrediente principal del producto.

Hemos empezado a entender que en la comida y en la cena debemos basarnos en alimentos reales, verduras y hortalizas, legumbres, alimentos de origen animal naturales,  comida real al fin y al cabo. Pero en el desayuno parece que aún nos cuesta. Y es ahí dónde atacan directamente estas marcas con sus “productos ideales para el desayuno”.

La verdad sobre el desayuno es que hay que afrontarlo como una comida más del día, en función de nuestras necesidades, condicionantes y apetencias. Siempre eligiendo comida real. Si no te apetece desayunar, no lo hagas, no pasa absolutamente nada y es mucho más saludable que recurrir a este tipo de “productos de desayuno” que hemos mencionado. En cambio si eres de los que espera con ansia el desayuno, hazlo de una manera responsable y saludable. Aquí algunos ejemplos.

-Lácteos fermentados como el yogur, kéfir, queso batido, acompañados de frutas de temporada, frutos secos crudos y naturales, semillas como el lino, chía, sésamo y cereales de grano entero como los copos de avena. Siempre evitando el azúcar y edulcorantes artificiales. Podemos edulcorar nuestro desayuno con cacao puro, chocolate negro por encima del ochenta y cinco por ciento de pureza, canela o con el propio dulzor de las frutas con las que acompañemos nuestro desayuno.

En cuanto a la elección de nuestros alimentos lácteos siempre optaremos por leche entera antes que light, 0%, etc. Esto es debido a que las grasas, aunque saturadas de estos alimentos, están dentro de una matriz de nutrientes que componen el alimento de forma natural, por lo que no tienen un impacto negativo en nuestra salud. En cambio cuando a este tipo de alimentos se les somete a un procesamiento para hacerlo desnatado, bajo en grasas, etc. Se convierten en alimentos bajos en grasas pero con una cantidad considerable de azúcar añadido, siendo el alimento mucho más nocivo para nuestra salud, aunque su densidad calórica se reduzca sensiblemente.

En definitiva, si queremos elegir un buen yogur natural por ejemplo, debemos fijarnos en que sus ingredientes sean, leche fermentada de vaca, cabra u oveja y fermentos lácticos.

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-Cereales. Cuando hablamos de cereales todos pensamos en esos paquetes de colores que identificamos en los supermercados como cereales de desayuno. Productos con una enorme densidad calórica, llenos de azúcares añadidos, aditivos y grasas procesadas. Alimentos que nos venden como sanos pero no lo son. Cuando hablamos de cereales válidos para el desayuno tenemos que cambiar la perspectiva e irnos al cereal propiamente dicho. Es decir, al grano entero, cuyo único ingrediente es el propio cereal, por ejemplo el arroz o la avena. Al igual que antes, podemos combinarlos junto a otros alimentos, como fruta, frutos secos, leche entera o lácteos fermentados. Formando un porridge o especie de papilla con grandes bondades a nivel nutritivo. Para esto podemos hidratar el cereal o semilla durante unas horas previas a ingerirlo para así aumentar su tamaño, su biodisponibilidad y favorecer más aún el tránsito intestinal.

Hablando de cereales, por supuesto que también se puede desayunar arroz hervido, con una tortilla francesa, queso fresco de cabra, aguacate, atún y cualquier alimento real que nos apetezca.

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-El pan. Evidentemente englobamos el pan dentro de los cereales. Pero al ser un alimento tan discutido y presente en nuestra alimentación de una forma tan específica, haremos un apartado especial para este alimento que tanta discordia genera. Confesaré, que personalmente, soy un adicto a las tostadas con aceite de oliva virgen extra. Esto no quiere decir que recomiende su consumo. No lo hago porque generalmente el 90% de los panes que encontramos en los mercados tienen un alto nivel de procesado, siendo la base de este alimento las harinas refinadas, grasas vegetales procesadas, azúcares, aditivos y emulgentes por doquier, exceso de sal, etc.  Por descontado dejaré claro que aún no he visto un pan de molde que sea saludable. Así que si cómo yo sois de los que no podéis perdonar las tostadas del desayuno, debéis fijaros en el etiquetado. Comprobando que los ingredientes sean, un 75-100% del cereal integral (centeno, espelta prima del trigo pero con un valor nutricional superior y menos tratado a lo largo de los años, trigo, mejor los dos anteriores), agua, sal y masa madre.

Estos deben ser los requisitos para elegir un buen pan, aunque también podemos elaborar de forma sencilla y natural el nuestro propio.

A partir de aquí las opciones son múltiples, con aceite de oliva virgen extra, tomate triturado, mantequilla (siempre mejor que la margarina), con frutas maduras en forma de compota evitando así las mermeladas, quesos tipo quark o batidos.

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- Alimentos de origen animal en el desayuno. Huevos, uno de los mejores alimentos que existen bajo mi punto de vista. Podemos cocinarlos de muchas formas y combinarlos con muchísimos alimentos, quesos frescos enteros, jamón, atún, salmón ahumado, champiñones, tomate natural, hortalizas varias. Evitaremos en la medida de lo posible aquellos derivados cárnicos como los fiambres o embutidos. Fiambre de pavo que tan sano nos ha parecido siempre, incluido.

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Así que ya sabéis, desayunad o no lo hagáis pero siempre con buenas elecciones.