¡YA LLEGÓ LA NAVIDAD!

Llega la navidad y con ella el costumbrismo de comer hasta explotar.  Fiestas, celebraciones, reuniones familiares, cenas y compromisos hasta la extenuación, con la incesante melodía de fondo que nos aboca, sin ningún tipo de consciencia, a comer  de manera exasperada todo aquello que se ponga en nuestro camino. Mala suerte para nosotros que casi todo con lo que topamos tiene en común un alto grado de procesado, de azúcar, de grasas hidrogenadas y una alta densidad calórica.

Desde finales de octubre hasta ya bien entrado el mes de febrero los supermercados inundan sus expositores principales con turrones, polvorones, mazapanes, dulces de navidad, caramelos, etc. Haciendo casi imposible que no sucumbamos antes sus relucientes envoltorios y anuncios de felicidad infinita. ¿Y qué podemos hacer?

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Para empezar relativizar el énfasis agorero con el que he iniciado esta publicación, pero desde mi labor como educador en cuanto a alimentación se refiere debemos ser responsables y sobre todo conscientes del problema que acarrea a medio y largo plazo el abuso de este tipo de productos. Por supuesto no debemos caer en un pozo de culpabilidad y laceración si en un momento oportuno tenemos la apetencia de comernos un mazapán o un trocito de turrón. Al igual que no debemos castigarnos saltándonos comidas si hemos tenido una comilona o hemos tenido algún atracón de esos que vienen con remordimiento justo después. Pues este tipo de conductas sólo lleva a generar aún más estrés, ansiedad y un desorden alimenticio que pagaremos en las siguientes comidas que hagamos en nuestro día a día. Lo que sí que tenemos que tener son las suficientes herramientas para enfocar de una manera mucho más saludable la navidad.

Saber que las típicas comidas navideñas de fechas especiales, no son tan preocupantes siempre y cuando las del resto de los días sean responsables y adecuadas a nuestras necesidades. Como reseña podemos decir que si tú alimentación no se parece mucho a la de los anuncios de la tele es que estás en el buen camino.

Por otro lado podemos cambiar las bandejas de turrón, polvorones, mazapanes, caramelos y bombones de manteca de cacao con azúcar por opciones mucho más saludables, nutritivas y que además fomentan unos buenos hábitos de alimentación. Frutos secos como las nueces, las almendras naturales, anacardos crudos, castañas, avellanas, onzas de chocolate negro con un porcentaje de cacao superior al 80%, fruta desecada o deshidratada, frutos rojos como los arándanos, frambuesas, ciruelas o grosellas. Dátiles, coco.

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Pero es que además si nuestro problema es el picoteo en estas fechas en las que pasamos más tiempo en casa, también tenemos muchas opciones. Encurtidos, conservas al natural, hortalizas de temporada (quién puede resistirse a unas rodajas de tomate, con orégano, queso parmesano y aceite de oliva virgen extra), fruta, por supuesto frutos secos naturales, etc.

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Además lo bueno de estos cambios que propongo, es que sentarán las bases de una alimentación saludable, no sólo para navidad, sino para todo el año.

Y como siempre digo, la mejor estrategia para no caer en la tentación y en el consumo habitual de estos productos nocivos de los que hemos hablado es no tenerlos a nuestra disposición en casa.

Y no os olvidéis de lo más importante en estas fechas, disfrutar con la familia. ¡Felices fiestas!