LA CUESTA DE ENERO

El mes de enero siempre llega cargado de propósitos, de buenas intenciones y una buena ración de remordimientos que acechan de manera infame y casi siempre por la espalda. Volvemos  de las fiestas navideñas con un cargo de conciencia que frecuentemente nos aboca a empezar la casa por el tejado. Buscar dietas milagro, restricciones  muy severas a modo de compensación o intentar salir a correr durante unos minutos con veinte sudaderas y una faja de papel film a ver si así al menos engañamos a la báscula. Y a nosotros mismos. Sobre todo a nosotros mismos.

Bueno ya puedo ir afirmando que este tipo de conductas, tan frecuentes por otro lado, solo conseguirán empeorar,  nuestro estado de salud primero, tanto física como mentalmente y además seguirán generando procesos negativos a la hora de afianzar una conducta alimentaria sana y responsable. No se hizo Roma en un día.

Hoy en día sabemos que las dietas milagro no es que no funcionen, de hecho pueden hacerlo de manera puntual, al igual que pueden dañar de manera importante nuestra salud, es que no son efectivas a medio/largo plazo, no generan una adherencia a un sistema de alimentación saludable y casi siempre son estrategias de marketing que juegan con la desesperación de la gente a costa de su salud y su dinero. De hecho debemos empezar a ir sacando la palabra maldita (dieta) de nuestro vocabulario. Las dietas generan estrés, ansiedad, culpabilidad, obsesión, falsas expectativas y carencias nutricionales si no están guiadas por un profesional, lo que puede llevar a generar problemas de salud. Como se puede ver todo connotaciones negativas que quién más y quién menos ha sufrido a la hora de ponerse a “régimen”.

 ¿Y entonces?

Entonces, lo que hay que afianzar, inculcar y generar son aprendizajes a la hora de comer, a saber elegir bien los alimentos, a saber leer e interpretar los etiquetados, a escuchar a nuestro cuerpo y adaptar nuestra alimentación al estilo y condición de vida que llevemos. La alimentación es un proceso totalmente consciente y determinado por nuestras acciones desde que adquirimos el alimento hasta que lo llevamos a la boca y empezamos los procesos de masticación. Una buena elección de los alimentos en nuestra compra mensual o semanal determinará la calidad de la alimentación. Además de generar una adherencia hacia una alimentación saludable. En resumidas cuentas, no debemos ser esclavos de una u otra dieta, sino adoptar una postura responsable con nuestra alimentación y hacer de ella algo agradable y divertido con alimentos reales.

Las últimas revisiones científicas en modelos de alimentación hablan de varias estrategias a la hora de enfocar nuestra alimentación que están consiguiendo resultados esperanzadores en diferentes marcadores metabólicos.  Tanto el ayuno intermitente (12 o 16 horas), los modelos de alimentación con restricción en los hidratos de carbono ( dado que normalmente abusamos de este nutriente en alimentos ultra procesados, en detrimento de los HC nutricionalmente interesantes como frutas, hortalizas, verduras y legumbres) o la ya famosa y mal interpretada dieta mediterránea pueden considerarse buenas estructuras alimentarias sin tener que ser esclavos de dietas carceleras y mequetrefes.  Sin atreverme a aseverar que patrón de alimentación es mejor, dado que cada persona tiene unas particularidades que hacen que debamos adaptar la alimentación a la persona y no al revés. Si que podemos empezar a asegurar que todas estas estructuras con sus diferentes tallos tienen una raíz en común. La comida real.

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Y por supuesto antes de someterse a ningún tipo de dieta milagro o plan de tendencia que prometa perdidas de peso en un abrir y cerrar de ojos, piense en su salud. El peso solo es un indicador más. Y la bajada de este hasta un baremo saludable siempre, siempre, tiene que ser una consecuencia de una buena alimentación que nos procure un estado de bienestar fisiológico y no un fin como tal.

Así que ya sabéis, siempre que necesitéis un cambio en vuestra alimentación, lo correcto es ponerse en manos de un profesional que esté capacitado para planificar y aportar las herramientas necesarias en vuestro modelo de alimentación.